miércoles, 8 de enero de 2014

La prueba empírica

Últimamente refugiaba sus pensamientos allí donde nunca nadie podría encontrarlos, o al menos donde nadie los buscaría. Cada vez le resultaba más difícil diferenciar entre la realidad y la ficción, saber dónde colocar el límite a la imaginación para que ésta no interfiriera en lo que suele considerarse una existencia normal. Así que escribió en un papel aquello que él creía era lo más importante que había descubierto en su vida, y después lo metió en un sobre que cerró y envió a alguien (X) que esperaba no fuera fruto de su prolífica imaginación.
Pero a los pocos días ese alguien (X) recibió un sobre que contenía un papel en el que aparecía escrito: "Tanto en mi imaginación como en mi realidad, eres la mejor de las creaciones".
Nada más terminar de leerlo ese alguien (X) se dirigió a donde estaba su marido y le miró atentamente, intentando escrutar en su interior. Él, al advertir su presencia, dijo: "Lo sé, lo sé, pero no puedes culparme por dudar..., de que seas real".



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