lunes, 23 de marzo de 2015

En las miradas

Algunas miradas le habían abierto heridas, otras le habían abierto caminos, y en otras se habría quedado a vivir. Se preguntó qué es lo que puede suceder cuando el amor y la muerte se encuentran, ¿se muere el amor, o se enamora la muerte?, quizá la muerte acaba muriendo enamorada y el amor acaba amando hasta la muerte.

   
Retratos figurativos de FranÇoise Nielly

viernes, 13 de marzo de 2015

Esperar a la deriva

A nadie se le ocurrió que sólo quiso volar, como antes. Sin embargo, esta vez, se estrelló. Y no por el hecho de que una pared se interpusiera en su camino y apareciera como por arte de magia. No. Sino porque las alas ni tan siquiera hicieron acto de presencia, ni rastro de pluma alguna. ¿Había perdido su don?, ¿o acaso lo que había perdido era la esperanza?


martes, 3 de marzo de 2015

En algún lugar...

Fotografía Martin Stranka

Él...
Sintió una punzada. No supo si provenía de su corazón, de su cabeza o de su estómago. Allí estaba, sentado en silencio, pensándola a gritos. Esperando que ella le escuchara. 

Ella...
Sintió una punzada. No supo si provenía de su corazón, de su cabeza o de su estómago. Allí estaba, sentada en silencio, pensándole a gritos. Esperando que él la escuchara.

viernes, 27 de febrero de 2015

Querencia

Todos queremos que nos oigan sin juzgarnos, que nos aconsejen sin opinar, que confíen en nosotros sin exigirnos, que nos ayuden sin decidir por nosotros, que nos cuiden sin anularnos, que nos abrecen sin asfixiarnos, que nos animen sin empujarnos, que nos protejan sin mentirnos, que nos conozcan y nos acepten, sin pretender cambiarnos..., y entonces encontrarán en nosotros a alguien con quien contar, sin condiciones, sin reservas, sin necesidad de pedir cita.


lunes, 23 de febrero de 2015

Lo que queda de los días

Así fue como, poco a poco, desaparecieron los gestos, las líneas, las curvas, los momentos. Así fue como, poco a poco, la historia pareció perder su ubicación. Una vez más el barco hacía aguas, una vez más el naufragio era inminente, una vez más no resultaba posible achicar tanta agua. Demasiada agua, con la que ahogar cualquier llanto. Era tanta que podría haber creado un nuevo océano. Era tanta que sólo un desierto podría haberla anegado. Era tanta que podría haber derribado cualquier cualquier muro, incluso el de la indiferencia. Era tanta que podría haberlo borrado todo, incluso lo aún por vivir.




jueves, 19 de febrero de 2015

Sin la oscuridad nunca veríamos las estrellas

Para ser criaturas que amamos, debemos ser criaturas que nos desesperamos por lo que perdemos. Puede que entonces sea cierto que todo pasa: el dolor, la sangre, el hambre, la peste... Pero cuando la sombra de nuestra presencia, y de nuestros actos, se haya borrado de la faz de la tierra, las estrellas permanecerán. No hay individuo que no sea consciente de ello. ¿Por qué, entonces, no volver nuestra mirada hacia las estrellas?