jueves, 15 de enero de 2015

Cuando la luna se deja atrapar, de nuevo, en las frías noches de invierno

Se inclinó hacia ella, embargado por la sensación de que deberían besarse en aquel preciso momento, convencido de que aquel era el instante. Y lo habría hecho, habría seguido inclinándose hacia ella hasta que hubiera sentido el suave impacto de sus suaves labios. Lo habría hecho..., pero no lo hizo.

Ocho días después...

Se inclinó hacia ella, embargado por la sensación de que deberían besarse en aquel preciso momento, convencido de que aquel era el instante. Y lo habría hecho, habría seguido inclinándose hacia ella hasta que hubiera sentido el suave impacto de sus suaves labios. Lo habría hecho..., y lo hizo. Teniendo a la luna como cómplice indispensable. Aunque quizás, al día siguiente, alguna de las partes de la ecuación no recordara con exactitud qué es lo que había pasado.



2 comentarios:

  1. Y 8 días después... por mucho que se inclinase no alcanzaría a besarla, pues ni la complicidad de la luna ayudaría... ella se había salido de la ecuación y tardaría en volver a alcanzarla.

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    1. Veo que la continuación que propones tiene un cierto sabor agridulce..., a veces sólo es necesario resolver la ecuación (o, al menos, querer resolverla).

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