lunes, 22 de julio de 2013

Océanos inmensos de mentiras y verdades

Probablemente no midió las consecuencias. Supuso que una pequeña mentira no podría llegar a convertirse en una gran verdad, pensó que una pequeña mentira no dañaría a nadie, aunque realmente era a sí mismo a quien pretendía salvar de sufrir cualquier daño. Sin embargo ella sabía que la verdad no era tal, y que la mentira subyacía a esa pretendida realidad ideada por él. No se sabe quién fue mejor actor..., si él tratando de convertir esa mentira en verdad, o ella, haciéndole creer que no sabía que todo era un burdo constructo. 
Pero ahora era él el que estaba frente al acantilado, perdiéndose en su inmensidad, intentando ahogar en él las consecuencias, intentando encontrar en él alguna verdad, o alguna otra mentira que convertir en verdad. Puede que esta vez fuera el agua del acantilado la única capaz de proporcionarle el consuelo "perfecto"..., sólo era cuestión de probar.



2 comentarios:

  1. Y ya sólo le hacía falta coger carrerilla, o dejarse caer. Quiso gritar su nombre, pero quedó en la garganta, sin saber si era la verdad, o nada más que la última mentira que no quiso salir.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puede que un susurro al oído se escuche mejor que un grito lanzado al aire lleno de incertidumbre.

      Eliminar