jueves, 13 de junio de 2013

Antídotos y venenos

Si hubiera tenido un don, lo habría utilizado en aquel momento. Sin embargo se quedó paralizado, con el cuerpo de su amada yaciendo entre sus brazos. O, más bien, con lo que quedaba de ella. Todo había comenzado con una pelea, con una absurda pelea, en la que ella finalmente rompió a llorar hasta que sus lágrimas cubrieron su cuerpo de tal modo que acabó convertida en una gran lágrima que se diluyó, formando un lago en el lugar donde había estado. Y ahora era esa el agua que él tenía entre sus manos. La abarcaba a ella como nunca antes, y se reflejaba en ella como otras veces lo había hecho en sus ojos. Y, puesto que carecía del don para devolverle la vida, decidió bebérsela, aunque nunca supo si a modo de antídoto (para curar su ausencia), o de veneno (para morir con ella).





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